Tratando de lucirse, un chancho puede comer un jamón (siempre revelamos a lo que estamos sometidos).
La mosca está en la sopa... aceptémoslo.
Sentados a la mesa servida están nuestros
héroes. Esos tres bombones que creen que arman un gran cacao. Esos que
han ganado reputación garcias a los papeles duros y los muñecos vudú de
este sociedad espectáculo.
El primero de los comensales rechaza de pleno
el plato. El segundo quita la mosca del plato y toma la sopa. El tercero
exprime la mosca dentro del plato hasta la última gotita y luego la
come con fruición.
Mientras tanto, lenta, muy lentamente, se les mete la muerte por donde los monos se meten la manzana.
Queridos amigos, la franela no es como la
gamuza. Puede que alguna de estas noches no nos encontremos aquí ya.
Puede ser cualquiera de nosotros el que se va al pasado. Allí, un
chimpancé viejito atiza el fogón.
Se llama Adán y es tu gran papito, ese mono que ríe, despacito, en la oscuridad.
Allí, y para siempre, aprendimos que ciertos fuegos no se encienden frotando dos palitos.

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